El que es Infeliz es Porque Quiere

En mi opinión, el título de este artículo no es disparatado, ni una falsedad, ni se trata sólo de una frase llamativa que sea un reclamo que incite a su lectura.

Se trata de una verdad tan rotunda, tan directa, que no hay pensamiento sensato que pueda rebatirla con argumentos sólidos y ciertos. Sólo desde una mente enfurruñada aferrada a las situaciones personales que ha calificado como “infelices” se puede intentar una explicación que será más la expresión de una rabia o una rabieta que no provienen de la cosa en sí, sino de la interpretación personal de esa cosa.

Entendamos esto muy claramente: LAS COSAS SON LO QUE SON. Punto. Se acabó. La frase termina ahí y así. Todo lo que se quiera añadir posteriormente no son más que adjetivos u opiniones personales que no tienen por qué ser acertadas. Lo que se ponga tras la frase es una interpretación que se hace del hecho ocurrido. Cuando no se reflexiona, es costumbre poner un adjetivo o una calificación positiva –cuando es agradable o provechosa- o negativa –cuando nos desagrada o nos perjudica-.

Pero esa interpretación personal no cambia el hecho en sí. Ponerle uno u otro nombre no cambia la realidad. No cambia de ningún modo la realidad. Para resumir: una cosa es el hecho y otra cosa es nuestra opinión acerca de ese hecho.

Las cosas suceden. Punto. Se acabó.

Si aceptáramos este hecho básico antes de entrar en divagaciones o discusiones acerca de por qué me pasa esto a mí, de la culpabilidad, del destino, de la desgracia, etc., nos descargaríamos de la pesada losa que es todo el proceso mental -y sus consecuencias- que surge posteriormente a cada uno de los hechos que clasificamos como “infelices” o con cualquier otro sinónimo desagradable.

Así que el hecho de que algo nos haga “infelices” es, SIEMPRE, una decisión propia. Uno mismo es quien califica el hecho y uno mismo es quien sufre el padecimiento que cree que corresponde a esa calificación.

Si uno cree que algo de lo que le ha sucedido es bueno o está bien, sonríe, se enorgullece, la satisfacción se expresa a través de él. Si, por el contrario lo que cree es que es malo o grave, se enfada, se enzarza en una discusión consigo mismo en la que los auto-reproches son lo más suave, se hunde, su Autoestima pierde la mitad de su valor, y una mueca funesta indisimulable se le planta en el rostro.

¿Quién pone nota a las cosas?, ¿Quién clasifica y califica?, ¿Quién es ese juez? Y algo más… ese que lo hace… ¿Está preparado para el cargo?, ¿Ha sido elegido por mayoría de entre todos los Yoes como el más sensato y sabio, o es el más crítico, obtuso, exigente, intolerante y cruel de cuantos nos habitan?

¿Por qué cuando nos sucede algo que no nos agrada no lo observamos imparcialmente, como si no fuera algo personal, y racionalmente como un hecho que no necesita sentencia?

¿Por qué repetimos cada vez esa tendencia a emitir un juicio, casi siempre negativo y acusativo, en vez de observarlo, darnos cuenta, comprenderlo, asumirlo, y sacar el aprendizaje para la próxima ocasión que se presente un hecho similar?

¿Por qué el reproche, la acusación, el enojo o la furia, las malas caras?

Y la pregunta que es mucho más interesante… ¿Para qué?

Mucho más importante que la pregunta ¿Por qué? -que nos va a llevar al origen, la causa o el motivo-, es la pregunta ¿Para qué?, que nos va a responder a las consecuencias por la cuales ocurre, o sea, para lo que sirve.

Si creemos que enojándonos contra nosotros mismos vamos a ser más conscientes de lo que realmente queremos hacer para mejorar como personas, nos equivocamos.

De ese modo, nuestra relación se convierte en una continua tensión, porque estamos más pendientes del castigo que nos podamos imponer que de vivir con naturalidad. La tensión nos va a hacer vivir de un modo inquieto, temeroso -¡temerosos de nosotros mismos! Sería gracioso si no fuera tan dramático- y vamos a estar más pendientes de no hacerlo mal que de hacerlo bien. Atención: en vez de poner toda la atención en hacerlo bien, vamos a poner la atención –temerosa y dubitativa- en no hacerlo mal. Exactamente al contrario de como debiera ser.

En esta vida, que es un imparable camino de aprendizaje, se supone que hay que reunificar nuestros yoes dispersos, que cada ocasión es un proceso de mejoramiento -que no obligatoriamente de perfección-, que lo más absurdo que puede suceder es que uno mismo se convierta en su más implacable enemigo o verdugo –cosa que sucede demasiado a menudo-, y que hay que vivir en paz y armonía consigo mismo.

A favor, y no poniendo zancadillas. Comprendiendo y aceptando, y no juzgando y acusando.

¿Estoy proponiendo el pasotismo, la impasibilidad o la irresponsabilidad? Noooooooooooooo…

Estoy proponiendo la no condena obligatoria, la no enemistad continua, y no dejarse afectar por una palabra que se le añada al hecho en sí. Una simple palabra. Algo que no tiene entidad ni vida sino que es un concepto.

Estoy proponiendo no etiquetar los hechos desagradables o indeseados con un nombre que para nosotros lleva implícita una reacción pesarosa y autoagresiva.

Sólo es infeliz quien se permite ser infeliz.

Las cosas que nos suceden –incluso cuando tengamos algo de “culpa”- no necesitan obligatoriamente el castigo de nuestra despectiva reprobación personal. Es mejor entenderlo como otra lección más y tratar de alegrarse por haber aprendido algo en vez de castigarse sin más.

No hay que olvidar algo muy evidente: nosotros mismos, cada uno de nosotros, somos los perjudicados directos de esta actitud.

¿Alguna sugerencia para dejar de ser infeliz?

1 – Aceptar que las cosas son lo que son y no necesitan explicación ni juicio. (Sí atención para aprender)

2 – Comprender que es una actitud contraproducente para con uno mismo, y que no aporta nada positivo, sólo negatividad y pesimismo.

3 – Evitar esa sensación negativa de la infelicidad oponiéndose a ella.

4 – No asociar ni confundir la falta de felicidad con la frustración.

5 – La felicidad es un sentimiento, y si te sientes feliz te conviertes en feliz.

6 – La infelicidad –que no es más que un sentimiento o un estado de ánimo y no una realidad- te distrae de ocuparte de la felicidad, robándote la energía, la fuerza, la atención, y la felicidad.

7 – El hecho de que no sucedan muchas cosas agradables o satisfactorias en tu vida no implica que obligatoriamente tengas que ser infeliz.

8 – Puedes no ser feliz pero no tienes por qué ser infeliz.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales, de la web www.buscandome.es

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Un comentario sobre “El que es Infeliz es Porque Quiere

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