A Dios Rogando y con el Mazo Dando

En mi opinión, y ya sé que esto no se va a aceptar fácilmente -así que repetiré nuevamente que esto es solamente una opinión y no tiene por qué estar acertada, ni ser dogma, ni la verdad suprema-, no creo que la repetición sistemática de una frase obre efectos milagrosos.

Y no pretendo que nadie acepte lo que viene a continuación, sino que me permito expresar lo que opino el día que escribo esto. Mañana… no sé qué opinaré.

Oigo hablar mucho del “pensamiento positivo” y me parece interesante, tiene su lógica. Creo en ello.

Oigo repetir un mantra y como con ello lo que se hace es invocar a una divinidad –sólo invocarla- o apoyarse para la meditación, no me parece mal.

En cambio, cuando oigo hablar de “visualizaciones creativas”… me cuesta creer en su utilidad.

Transcribo: “Según las investigaciones de la psicóloga Gabriele Oettingen, de la Universidad de Nueva York, gastar tiempo y energía centrándose en lo bien que pueden ir las cosas reduce la motivación de las personas para alcanzarlas”. Fin de la transcripción.

No todo va bien siempre, así que no es sensato engañarse con la idea de que visualizarlo de un modo creativo lo va a resolver. No son el destino, ni la suerte, ni el porvenir, ni en todos los casos ni siquiera es el mismísimo Dios, quienes tienen que confabularse para que nos vayan bien las cosas, sino que es uno mismo quien ha de tomar las riendas. Tampoco se les pueden utilizar para culpabilizarles de nuestras desatenciones a ninguno de los mencionados.

No todo sale bien y esto hay que aceptarlo con toda la cruda realidad que conlleva, sin drama, sin negación, sin histerismo. Lo correcto cuando así sucede es la aceptación inmediata, revisión de qué es lo que no estuvo bien hecho o lo que no se hizo -para saber lo que no hay que repetir…-, y siempre con la verdad presidiéndolo todo.

Siempre, por supuesto, involucrándose uno mismo y haciendo lo que haya que hacer. Personalmente, como ya he escrito, no estoy muy a favor de repetir frases con la idea de que por sí mismas van a hacer milagros. “Voy a tener mucho dinero…”, por ejemplo, ponerse a repetirla reduce el tiempo y la intensidad necesarias para conseguirlo, porque uno se relaja pensando que con haberlo dicho ya se va a resolver solo. El efecto es el mismo para “va a aparecer el hombre de mi vida”, u otros similares.

Está bien tener fe, y confiar en la divinidad en que crea cada uno. Está bien mantener la esperanza activa e intacta. Está bien tener ilusiones y ánimo, pero nada de lo anterior, por sí mismo, es capaz de hacer lo que uno mismo tiene que hacer. Yo soy más partidario de “A Dios rogando y con el mazo dando”.

El dicho anterior se refiere, como todos sabemos, a que hay que rogar –eso está bien: tener confianza, fe…- pero hay que estar activo al mismo tiempo. Hay que hacer. Rogar, sí; orar, sí; pero hacer, también.

Sólo cada uno vive su propia vida y padece sus sinsabores. Sólo cada uno es responsable de su vida y sus sinsabores. Sólo uno tiene que dar cuentas, a sí mismo, de su vida y sus sinsabores.

No es necesario esperar a un hipotético día del juicio final para conocer el veredicto ajeno sobre la propia vida. Esa es una tarea de reflexión diaria, de atención en cada instante, de cuidado perpetuo.

Todas las cosas tienen su momento –como ya he escrito en varias ocasiones-, pero en algunos casos uno tiene que colaborar para que sea “su momento”.

Se me hace extraño pensar en una Divinidad que nos da una vida pero que, en cambio, se encarga de resolver todos los problemas y atender, indiscriminadamente, a todos los ruegos. ¿Cuando se le ruega algo malo para otras personas también lo tiene que conceder porque ya se ha cumplido el requisito de “rogar”?

¿Y el libre Albedrío? Si dejamos en manos de la Divinidad el control y destino de nuestra vida, ¿Dónde está ese Libre Albedrío que sostiene que el ser humano tiene el poder de elegir y tomar sus propias decisiones?

El determinismo, por el contrario, es una opinión según la cual todo lo que sucede en la vida, o lo que tiene que suceder, es inevitable porque es el resultado de causas previas (Ley de Causa-Efecto), y todo lo que pasa tiene una razón de ser.

Ante estas opiniones tan dispares, y muchas otras que quedan en medio, uno se puede plantear con toda lógica que orar puede ser una opción pero también puede creer que la oración, por mucha fe que lleve implícita, no va a cambiar o no ha de cambiar lo que estuviera previsto.

Ante este dilema, y porque depender exclusivamente de la oración y que todas las soluciones vengan de Dios pueda parecerle demasiado cómodo por nuestra parte, además de una negación de nuestras responsabilidades personales, tal vez lo sensato sea pedir pero hacer todo lo posible por nuestra parte para formar parte de la solución a nuestro conflicto. A fin de cuentas, ninguna madre lógica y racional cree que tenga que estar siempre resolviendo los asuntos de sus hijos.

Nuestra vida requiere de nuestra participación en ella de un modo activo, no simplemente ocupando el cuerpo y pasando el tiempo, sino encaminándola hacia un futuro óptimo en la medida de las posibilidades personales de cada uno.

Acepto que cada uno utilice cualquier camino o método que no sea perjudicial para otros, que se apoye en lo que crea conveniente, que utilice trucos que le funcionen o muletas, lo que sea, siempre y cuando vaya acompañado por una participación activa y responsable, y por una colaboración incondicional y comprometida.

No hay que olvidar que, según algunos, cuando uno está orando en realidad está hablando consigo mismo y lo que pida, sea lo que sea, se lo está pidiendo a Sí Mismo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales, de la web www.buscandome.es

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