¿Educamos a nuestros niños para triunfar y ser felices?

¿Qué nos ha ocurrido?; ¿Por qué olvidamos nuestros sueños infantiles bajo la sensación del fracaso?; ¿Qué nos impide luchar por nuestros ideales más profundos?

 

{{Adsense2 params}} La búsqueda de la felicidad es el motor que mueve la mayoría de los anhelos. Desde pequeños, soñamos con un futuro de éxito y realizaciones personales, que con el paso del tiempo y a la par de la socialización, se resignan, o en el mejor de los casos, se postergan. Muchas veces transmitimos a la infancia una imagen frustrante de la realidad; los aturdimos con problemáticas; les mostramos todos y cada uno de los inconvenientes que creemos les depara su camino; les hablamos de nuestros fracasos “para que no les pase lo mismo”; los alertamos sobre la barbarie, riesgos y peligros que esconde el destino.

Otras veces, excedemos nuestra actitud protectora; les solucionamos problemas “para que no sufran”; nos encargamos de sus tareas para dejarles más tiempo libre. También nos agrada hacerlos sentir mejor en casa y en familia que afuera, en el contexto social de sus amistades. Sin quererlo, fomentamos el miedo a los desafíos, el apego a lo seguro, la comodidad del “statu quo”. Suele pasar un largo tiempo hasta que comprendemos que en realidad, bajo la aparente protección, hemos escondido hasta el olvido los anhelos de los pequeños soñadores. Cuando omitimos estimular la exploración de la realidad, cuando regalamos resultados simples, cada vez que facilitamos el esfuerzo o fijamos la vista en los obstáculos, instalamos a la comodidad, o peor aún, al miedo. Sin querer, les sacamos la mirada de sus metas para posicionárselas en los obstáculos.

¿No sería mejor acompañar a nuestros niños en sus aventuras?; ¿Qué tal si jugáramos más con ellos?. Podríamos ser un apoyo en las dificultades, no una solución. Convertirnos en quién les renueva el ánimo y los alienta a continuar, a imaginar el futuro que merecen y los procesos a implementar para conseguirlo. Los desafíos de nuestros niños no son los mismos que los nuestros. Todos los grandes hombres y mujeres han tenido sueños grandiosos, aparentemente inalcanzables, pero supieron esforzarse y luchar por sus ideales hasta conseguirlos… Entonces hallaron la felicidad. Aprendamos algo nuevo de la historia. Estimulemos el desarrollo de la infancia de la mejor manera: con amor y solidaridad, en forma de aliento y esperanza. Desarrollando la fe, la persistencia, la colaboración para el trabajo en equipos…

La felicidad es la luz que ilumina el derrotero de los sueños. También suele ser el premio que sólo se consigue cuando valoramos el esfuerzo y los sacrificios realizados.

Rosario, agosto de 2008.

 

Pablo Gustavo Leonardi

Psicólogo Transpersonal

transpersonal@arnet.com.ar

https://ar.geocities.com/pabloleonardi

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